Yo
“y mi propio Yo”
La
mejor manera de conocer al mundo, es conocerse a sí mismo. “Quien Soy Yo”
debería ser la primera de las preguntas que debemos respondernos cuando tomemos
la primera señal de conciencia y practiquemos
el uso de la razón, moderando nuestras emociones. En cierta manera estoy
tocando el tema del yo interior, y me es aceptable hacerlo, para poder entender
del yo superficial, que es la presentación física de nuestra existencia. En psicología
se menciona de varios “yo”, pero yo quiero pronunciarme y enfatizar en dos, revelándome
de las teorías y las fachadas de la ciencia y espiritualidad, omitiendo un lenguaje científico,
considerando que el resto parte de estos dos. El yo material es nuestra carta
de presentación y está sujeto a cambios inesperados que ejercen nuestra vida
cotidiana y son determinadas por nuestro entorno social y económico, entonces
no es difícil ni trascendente concentrarnos en este aspecto, porque fácilmente
podemos adivinar las consecuencias tales: como asumir diferentes personalidades
y perdernos en un círculo vicioso de desórdenes emocionales.
Consecuente
con los otros artículos de mi pluma, y en especial, había escrito del “estudio” como antesala a presentar este. Ninguno
de los mismos causaría gracia si no escribo “Yo” para indagar y llamar a mi
potencial ser interior a presentarse como punto de partida para direccionar y
dar sentido a mi intención de motivar nuestra existencia. El yo personal o consiente,
es a mi juicio quien determina nuestra existencia y direcciona nuestros pasos a
vivir con plenitud y dejar de existir por el mero hecho que no pedimos venir al
mundo. En mi hábito de lectura he encontrado un sinfín de definiciones del “yo” que lo convierten en tema de estudios
académicos: neurofilosofía, neurobiología, psicología y estudios espirituales. Para mí el Yo interno representa nuestra
esencia (alma) en su forma más pura, es decir, lo que somos por naturaleza.
Nuestros sentimientos y pensamientos que no están bajo ninguna influencia más que
su naturaleza. Si es difícil alcanzar nuestro "yo interno", sería naturalmente
imposible poder llegar al de otra persona y menos conocer al misterioso mundo
de las personas que nos rodean. Este mismo concepto lo reafirma, el yo interno
es nuestro secreto, nuestro "yo" (que muchas veces no conocemos). A
veces durante nuestra vida nos vamos llenando de nuevas ideas, adoptamos formas
de ser o pensar pero jamás podremos cambiar una simple esencia (yo interno) ya
sea carácter, sentimientos, pensamientos o ideas inconscientes, que serán
valorables después de auto descubrirnos y aceptarnos.
Cada
uno de nosotros tiene un yo interior (trascendental) y un yo exterior (empírico). El yo exterior puede ser visto, conocido y
objetivado. El yo interior es el que ve, conoce, experimenta, objetiva, pero no
puede ser visto, ni conocido, ni sentido; pero él lo ve todo, lo siente todo,
lo conoce todo. El yo interior es como “el testigo” de todo lo que ocurre. Es
sujeto y no puede ser objetivado. En la medida que uno va entrando en su “yo
interior” se va desprendiendo de conceptos, sensaciones, objetos. Allí se va
encontrando la independencia, se encuentra la libertad sin
límites. El yo interior vive en un ahora eterno, atemporal. El conocedor
desconocido es consciente del tiempo, pero él es atemporal. Conoce el pasado,
presiente el futuro: pero lo único que le acontece es el presente. Vive en un
presente inacabable. “Si tomamos la eternidad como algo que significa no una
duración temporal infinita sino la ausencia de tiempo, la vida eterna pertenece
a los que viven en el presente” (Wittgenstein). Por eso, cuanto más cerca está
uno del verdadero yo, más vive en la eternidad, en el presente atemporal.
Cuanto
más cerca está uno del propio yo interior más cerca está de Dios. Ésta es una
afirmación común en todos los místicos. Los sufíes hablaban de la “identidad
suprema”. Nuestro yo interior es
espíritu. El yo interior constituye un
gran misterio, o un vacío y una inconsciencia puros: no puede conocerse ni objetivarse
nunca, pero si acercarse y sentirse propio. El yo interior es divino, o se encuentra en perfecta unión
con el espíritu infinito que radica en una identidad suprema. El yo
trascendental no es algo independiente y separado del espíritu. El espíritu es
el verdadero yo de todos los seres. Cuando nos identificamos sólo con el yo
exterior, renunciamos a la dimensión más rica de nuestro ser. Cuando nos
identificamos con nuestro yo interior, nos abrimos a la plenitud Quien vive en
su yo trascendental se une a todo, se descubre formando parte de unas raíces
comunes con todo el universo, con toda la humanidad, con Dios.
Henrry Yanez
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